• Edurne Baeza San Martín

MI AUTOCUIDADO. QUE EL NUESTRO SEA PANDEMIA.

El lunes me desperté agitada física y emocionalmente. Había tenido pesadillas. Tenía el cuerpo algo agarrotado y un nudo en el estómago. Ya me conozco. Tensión física que me ayuda a entender que necesito dar espacio física y emocionalmente a lo que siento, para elaborar, digerir y lo que venga.


El lunes, era el primer día de trabajo en aislamiento físico. Y yo ya estaba aislada sola desde el viernes. Bueno sola no, con Púa, una preciosa perrita que me cuida y me nutre emocionalmente. Me sentía mal. Y yo ya conozco mis claves de autocuidado y rescate en momentos de malestar. Pero no me hice cargo de mí. No dejé de "hacer" desde mi automatismo neurótico, no tomé el mando de la situación. Y así, me fui agobiando más y tensionando más corporalmente. Muchas veces nos resulta más fácil pasarlo mal, que hacernos cargo de nuestra necesidad y darnos eso que nos hará sentir mejor. Al final, las zonas de confort no tienen por qué ser buenas, pero sí son conocidas y manejables.


Evité hacerme cargo de mi necesidad gran parte del día. Hasta que me pillé con las manos en la masa, trampeándome el bienestar. En ese momento, al tomar conciencia elegí. Y me cogí simbólica y amorosamente por la orejilla llevándome al salón. Y comencé a desplegar la sesión de autocuidado que necesitaba.


Estuve dos horas. Lo que necesité. Ni más, ni menos. Tengo la fortuna de tener una casa (de momento) donde estar aislada; el tiempo y tranquilidad (la soledad tiene sus ventajas en este sentido) y de momento los recursos necesarios para sostenerme, al menos por ahora.


Al terminar mi sesión, ya no había rastro de tensión, no había nudos ni físcos, ni emocionales. El miedo, la tristeza o la frustración se habían transformado en serenidad y esperanza. La soledad en contacto amoroso conmigo y la dureza en suavidad.


El baile, la percepción abierta y el movimiento con mis piernas y pies, me reconectó con mi fuerza, mi sostén y mi arraigo. Desde esa fuerza, con mi atención e intención, pude dar espacio para liberar mi vitalidad y creatividad: bailando en mi pelvis. Culebreando con toda mi columna vertebral, recuperé mi flexibilidad y capacidad de adaptación. Y aflojando mi garganta, mi cara y mi voz, di expresión y salida a lo que ya no tenía que estar dentro. Y así gané espacio interno. Respirando amplio y con conciencia durante toda la sesión, me hice sitio desde adentro: hueco. Hueco que se fue inundando de ternura inhalación a inhalación. Y así, nuevamente volví a descansar en mí y conmigo.





Las tendencias neuróticas (los hábitos, estados y actitudes que no nos hacen bien) van a estar siempre ahí, de algún modo "acechando". Van a "esperar" a que bajemos la guardia para tomar el mando, si les dejamos, claro. Es normal. Es la costumbre. Son nuestros hábitos, automatismos... No pasa nada. La partida hacia el bienestar, la ganamos perseverando en esta operación retorno eterna, hacia nosotrxs mismxs, autocuidándonos.


Y ¿Cómo se hace esto?


El Autocuidado desde mi punto de vista requiere 3 cosas. Son poquitas, pero tienen que estar. Y sobre todo tenemos que decidir que estén. Ahora más que nunca, os las deseo, con todo mi amor, por nosotrxs y por todxs nuestrxs compañerxs:


Compromiso - Atención - e- Intención.


Cuando cada unx de nosotrxs está nutridx física y emocionalmente, cuando estamos atendidxs, es cuando podemos cuidar a otrxs.


Qué el Autocuidado y los Cuidados sean nuestra próxima pandemia.


*Suena "Kothbiro" de Ayub Ogada




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